A comienzos de los años noventa, la apertura económica decretada por el Gobierno de César Gaviria desató una fuerte controversia en el país al adoptar la rebaja de aranceles y eliminar barreras a las importaciones –licencias previas–. El propósito era estimular el comercio internacional y el crecimiento económico, y la frase de moda insistía en que “para exportar hay que importar”. El proteccionismo era el pasado, y los acuerdos comerciales, el futuro.

Pero 30 años después renace la discusión porque, a pesar de la apertura, el tamaño del comercio se mantiene en niveles bajos, el proteccionismo sigue vivito y coleando, las exportaciones son aún muy pequeñas y, en algunos sectores, los precios siguen altos para los colombianos.

Esto ocurre pese a que el promedio de los aranceles bajó del 30 por ciento en los noventa al 5 por ciento ahora. ¿Qué ocurrió? Un nuevo libro del Banco de la República, de los economistas Iader Giraldo, Jorge García y Enrique Montes, insiste en que, aunque bajaron los aranceles, hay tal nivel de barreras no arancelarias que hoy la economía está tan cerrada como hace tres décadas.

Estas afirmaciones han provocado un cisma entre los economistas y exfuncionarios de comercio exterior, y están llevando el tema a debates económicos en medios, redes sociales y escenarios públicos. Unos reiteran que el proteccionismo ha borrado buena parte de los avances con la apertura de los noventa. Otros creen que la evidencia de las cifras de comercio exterior y crecimiento del PIB contradicen esas afirmaciones. De lado y lado hay argumentos válidos que llevan a concluir que la economía no está cerrada a niveles de antes de los noventa, pero sí ha cundido una ola proteccionista frente a la cual hay que tomar medidas.

Colombia se cierra

El proteccionismo no cede. Lo afirman con insistencia algunos economistas y dirigentes gremiales. Ponen de ejemplo la reciente decisión del Ministerio de Comercio que esta semana publicó, en su página web para comentarios, un decreto que fija aranceles de hasta el 40 por ciento para importar textiles y confecciones. Contra la opinión técnica, estos aranceles habían sido incluidos en la ley del Plan de Desarrollo, pero en enero la Corte Constitucional tumbó los artículos y le dijo al ministerio que debía reglamentar el tema.

Esta medida de protección tiene un propósito que parecería justo: luchar contra la competencia desleal de mercancías importadas a precios irrisorios. Pero su efecto es inocuo, pues solo recargará aún más los costos para los importadores legales. Entre tanto, a los contrabandistas les mejorarán los márgenes de ganancia porque a ellos no les aplica, advierte el presidente de Analdex, Javier Díaz Molina.

Como este caso, hay decenas de medidas de protección vigentes para sectores específicos, que no han permitido evolucionar adecuadamente el comercio exterior. Lo peor, dice el dirigente, es que 70 por ciento de las barreras no arancelarias son autoimpuestas. Es decir, no las exigen otros países, según un estudio del Centro de Comercio Internacional.

El economista Mauricio Reina mencionó en su columna de Portafolio una cifra que confirmaría la mayor incidencia de normas técnicas, requisitos sanitarios y fitosanitarios o cupos de importación. Aseguró que, mientras que en los noventa las medidas no arancelarias cubrían el 27 por ciento de las importaciones totales del país, hoy ya afectan al 80 por ciento.

La proliferación de estas medidas se explica por el fuerte lobby gremial de algunos sectores que ejercen su influencia sobre el Gobierno para proteger sus productos. Como consecuencia natural, el país tiene una baja profundización comercial, un indicador que mide la proporción entre importaciones más exportaciones respecto al PIB. Este indicador se mantiene en los mismos niveles de hace 20 años, según Enrique Montes, uno de los autores del libro del Banco de la República.

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Lo peor es que mientras no haya más comercio exterior, el crecimiento seguirá rezagado. El director de Fedesarrollo, Luis Fernando Mejía, asegura que en Colombia este indicador de profundización comercial está en 36,7 por ciento; en cambio, en países vecinos como Chile es de 57,5; en Perú, 48,9; y en México, 80,4 por ciento. Pero si sirve de consuelo, Brasil y Argentina están peor: el primero con 29 y el segundo con 30,7 por ciento.

Realidad o ficción

No todos los economistas ‘compran’ la teoría de que el país ha retrocedido. El exministro José Antonio Ocampo asegura que eso es pura ciencia ficción y que el estudio del Banco de la República usa datos estadísticos para argumentar, contra toda evidencia, que la economía está cerrada.

Menciona que las barreras a la importación han desaparecido, como la licencia previa, la mayor traba no arancelaria. Y dice que las compras del exterior se han multiplicado por tres: en los noventa representaban 9,58 por ciento del PIB en precios constantes, mientras que en la actualidad ya llegan a casi el 28 por ciento. Agrega que, aunque se insistió en que para exportar más había que importar más, hoy las importaciones crecen mucho más rápido que las ventas al exterior. Por eso asegura que “no nos falta más apertura, sino más política de desarrollo productivo”.

Tampoco el ministro de Comercio, José Manuel Restrepo, comparte el diagnóstico de que el país se ha cerrado. Asegura que, a diferencia de hace 30 años, hoy cuenta con 16 acuerdos comerciales y los empresarios tienen acceso preferencial a 1.500 millones de consumidores. Además, destaca el papel del Gobierno al impulsar más empresas a exportar.

La exministra de Comercio y presidenta de la Cámara Colombo Americana, María Claudia Lacouture, asegura que los acuerdos comerciales firmados no solo les han abierto las puertas a las exportaciones colombianas. De paso, han permitido reducir los niveles arancelarios que antes encarecían las importaciones. Eso sí, reconoce que hay que trabajar más en cultura exportadora porque muchas empresas no venden al exterior como una prioridad, sino para salir de los excedentes.

Treinta años después, la controversia sobre la apertura sigue viva y deja varias lecciones. Primera, no basta reducir aranceles y firmar acuerdos comerciales: se debe trabajar en cultura exportadora y en facilitación logística, financiera y de mercados para que los beneficios no se queden solo en el papel. Segunda, es hora de revisar el poder del lobby gremial que convoca a tentaciones proteccionistas, algunas con rasgos populistas. En efecto, las medidas no arancelarias borran los beneficios del comercio exterior. Tercera, aunque hoy el país es más abierto, ni de lejos ha logrado lo que han hecho México, Perú y Chile, socios de Colombia en la Alianza del Pacífico, para profundizar el comercio exterior y aprovechar las ventajas que este trae para el crecimiento. La tarea sigue pendiente.

Fuente: https://www.analdex.org/

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