Derivado de los repuntes de casos por covid-19 en China, las operaciones logísticas se ven nuevamente afectadas debido a las restricciones de personal que afectan al movimiento y flujos del comercio internacional. A raíz de la aparición de la variante Ómicron, se optó por la estrategia -covid cero-, que paralizó puertos, terminales, centros de carga y descarga, aduanas, etc., impactando, principalmente, a la ciudad de Shanghái, un centro neurálgico para la economía China.

Shanghái es un pilar fundamental para el comercio que mantiene China con el resto del mundo y, el puerto de dicha ciudad es el más importante a nivel internacional, tendencia que se ha mantenido durante los último 10 años. El 17% del tráfico de contenedores en China y el 27% del total de exportaciones se da en el puerto de Shanghái.

Por lo anterior, el confinamiento es un obstáculo para la recuperación total y reactivación al 100% de las actividades a los estándares que conocíamos previos a la pandemia. La columna vertebral de la situación y, por ende, principal obstáculo a resolver, son las restricciones en las carreteras utilizadas para acceder al puerto, causando filas enormes y acumulación de contenedores en la entrada del Puerto, disminuyendo la productividad y generando pérdidas importantes.

Además del cierre de carreteras, impacta que hubo una disminución del personal dentro del puerto como tal, retrasando las formalidades aduaneras que deben llevarse a cabo para los ingresos y egresos de contenedores. Una manera de hacer frente a las circunstancias ha sido cuantificar los retrasos de los buques, monitoreándolos por satélite, una medida poco efectiva si se quiere lograr exactitud, pero de esta forma se consigue brindar mayor certidumbre a los clientes y usuarios de servicios de transporte que tienen sus mercancías detenidas.

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Con tantos retrasos carreteros, los buques se están acumulando en la costa del puerto, generando tiempos excesivos de espera para documentar. Las nuevas medidas que imponen las autoridades chinas para prevenir los rebrotes masivos consisten en poner en cuarentena a cualquier trabajador que dé positivo, incluso si no presenta síntomas, reduciendo así la capacidad de atención a las operaciones.

La dependencia del comercio mundial sobre el puerto de Shanghái implica que se desate una escasez de los bienes que más cruzan por ahí, por ejemplo:

  • Partes y componentes electrónicos
  • Textiles
  • Electrodomésticos
  • Paneles solares

Siendo que estos productos por Shanghái representan hasta un 50% de las exportaciones totales realizadas en todo el país demuestra lo alarmante de las condiciones del comercio actuales. Derivado de esta coyuntura, las cadenas de suministro mundiales están reorganizando sus rutas, dejando como una opción poco viable al puerto de Shanghái.

América Latina es la región más afectada, pues gran parte de su volumen de importaciones en diversos tipos de bienes terminados provienen de China, causando con ello una rápida aceleración inflacionaria por la elevación de los costos a los consumidores finales que enfrentarán las principales consecuencias del bloqueo.

La crisis de contenedores y con ello las elevadas tarifas que se venían arrastrando desde hace varios meses ya, lejos de estabilizarse, comienzan a incrementar aún más que cuando iniciaron los excesivos costos de las navieras por fletes marítimos, principalmente los que van de China a los principales puertos de México, Brasil o Colombia, por poner ejemplos.

Al momento de escribir el presente artículo podemos inferir que las condiciones pueden mejorar, pero no existe una fecha exacta o predicción que permita saber cuándo y hasta qué grado puede componerse el escenario mundial. Además, no se conocen con precisión las secuelas que pueda provocar dentro del mediano y largo plazo.

Fuente: https://clubdecarga.com/

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