En 2017 se emitieron en el mundo títulos por US$150.000 millones para financiar proyectos ambientales

¿Bonos para salvar el mundo? Pero los gerentes de fondos que invierten en los llamados bonos verdes dicen que este tipo de instrumentos pueden ayudar a responder al cambio climático y a otras preocupaciones ambientales. “Cuantos más bonos verdes se emiten, más proyectos verdes reciben fondos”, define Christopher J. Wigley, gerenciador de cartera de ingresos fijos del Mirova Global Green Bond Fund. “Los bonos verdes reducen emisiones” de gases de efecto invernadero, sostiene.

Los bonos verdes financian proyectos como los de energía eólica y solar, de tránsito masivo y de mejoras en eficiencia energética. Pueden ser emitidos por corporaciones, gobiernos, organizaciones internacionales como el Banco Mundial y por universidades. Apple y Starbucks, por ejemplo, han hecho algunas emisiones de bonos verdes en los últimos años.

“Apple hizo un gran trabajo en cuanto a definir en qué proyectos va a trabajar y cómo usará los ingresos para reducir directamente costos y emisiones de energía”, afirma Samantha Palm, gerenciadora de cartera del Parnassus Fixed Income Fund, un fondo que invierte en función de principios ambientales, sociales y de gobernanza y que tiene bonos verdes entre sus alrededor de 90 activos.

El uso del término está generalizado, pero lo cierto es que no existe una definición universalmente aceptada de qué son los bonos verdes. Palm dijo que busca dos elementos, además de la promesa de una inversión ambiental: “Una auditoría independiente para demostrar que lo recaudado fue usado tal como se preveía y un informe sobre la ganancia financiera y ambiental”. Se refiere a obtener datos cuantitativos de ganancias en términos de reducción de emisiones o de utilización de energía.

En 2017 hubo una emisión de aproximadamente US$150.000 millones en bonos verdes, alrededor del doble del volumen de 2016, según la Iniciativa de Bonos del Clima, un grupo sin fines de lucro de Londres. Aun así, el mercado sigue siendo minúsculo, comparado, por ejemplo, con los aproximadamente US$1,5 billones de emisión de deuda anual corporativa en Estados Unidos.

Existen bonos a los que se llama “verdes” desde hace aproximadamente una década, relata William Sokol, director ejecutivo de productos de fondos que cotizan en bolsa (conocidos como Exchange Traded Funds o ETF) para VanEck. Se financiaron proyectos ambientales con títulos antes de eso, pero no se los llamaba a menudo bonos verdes (o bonos de clima o de sustentabilidad). “Eso cambió en 2014 con la creación de los Principios de los Bonos Verdes por la Asociación Internacional de Mercados de Capitales de Zurich”, dice Sokol.

La firma en la que trabaja patrocina el ETF Bonos Verdes VanEck Vectors, que invierte globalmente en unos 80 securities estatales, internacionales y corporativos. Sokol dijo que ve que el ETF hoy ayuda a diversificar las tenencias de inversores en EE.UU. Lo verde de los securities es evaluado por la Iniciativa de Bonos del Clima.

Dos fondos mutuos también se dedican a esta forma de inversión: el Mirova Global Green Bond Fund y el Calvert Green Bond Fund. La oferta de Mirova, administrada por Wigley, comenzó en EE.UU. en febrero pasado; es una réplica de un fondo que se ofrece en Europa desde 2015. La versión en Estados Unidos, promocionada por Natixis Investment Managers en Boston, invierte en una variedad de países y tipos de emisores. Entre sus principales tenencias había bonos del Estado francés y de Southern Power, un generador mayorista de electricidad, filial de la Southern Company en Atlanta.

Southern Power genera gran parte de su electricidad usando gas natural y su compañía madre opera una plantas de energía nuclear. Sus bonos están prohibidos en algunos fondos que aplican criterios ambientales a sus tenencias, incluyendo el Parnassus Fixed Income Fund de Palm. “Excluimos cualquier compañía que genere ingresos significativos de energía nuclear”, se explica.

Wigley afirma que Southern Power está cambiando a energía renovable y energía eólica en particular y que los bonos verdes ayudan en esa transición.

El fondo Calvert, por su parte, comenzó en 2013. Su manager, Vishal O. Khanduja, dice comprar bonos calificados como verdes y otros que no están reconocidos como tales, pero que tienen objetivos ambientales. Con criterios ambientales y sociales para tomar sus decisiones de inversión, el fondo tiene un equipo de analistas que investigan los objetivos verdes tras los bonos.

El gerenciador del fondo TIAA-CREF Social Choice Bond, Stephen M. Liberatore, dice que desde la gestión de los activos se apunta a identificar los bonos ambientales y proyectos que tengan el mejor desempeño, sin tomar en cuenta si los bonos están o no etiquetados como verdes. Ese enfoque lo llevó a las Granjas Solares Topaz: “Topaz no tenía la etiqueta, pero es un proyecto de energía solar a escala comercial”, explica. “En un tiempo era el mayor en Estados Unidos, produce suficiente energía para 160.000 hogares”, dice Liberatore. Topaz es propiedad de Berkshire Hathaway Energy, subsidiaria del holding de inversiones de Warren E. Buffett.

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Algo que dicen a menudo quienes proponen invertir en bonos verdes es que al hacerlo se pone más el foco en el cambio climático y los problemas ambientales que en la compra directa de acciones verdes. El argumento indica que lo que se recauda con los bonos financia proyectos específicos, con el potencial de beneficios que son medibles. Con la inversión en acciones, en cambio, uno solo posee una participación en una compañía con reputación de defender el medio ambiente. La conducción de la compañía es la que retiene el poder de decisión sobre sus inversiones.

A Jon F. Hale, director de investigaciones de sustentabilidad para Morningstar, ese argumento le parece creíble. “Cuando uno piensa en el impacto, dólar por dólar, probablemente se tenga mayor influencia” con un fondo de bonos verdes que un fondo de acciones con orientación ambientalista, analiza.

“Hay cifras estimadas de los billones de dólares que se necesitan en energías renovables y eficiencia energética en los próximos 30 años y eso es lo que financia este tipo de bonos”, agrega.

Pero Hale advierte que los inversores no deberían abandonar la prudencia en función de la pureza ambiental. Deben aferrarse, de hecho, a principios de inversión tales como mantener bajos los costos, diversificarse e invertir su dinero sobre la base de sus metas y según su tolerancia al nivel de riesgo.

“Como inversor uno debe diversificarse en cuanto a clases de activos -concluye- . Pero puede activar su deseo de sustentabilidad con sus inversiones en bonos también”.

The New York Times

Traducción de Gabriel Zadunaisky

Tomado de: http://www.lanacion.com.ar

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