Investigadores de Johns Hopkins han impuesto un nuevo récord de distancia para entregas con drones médicos al lograr transportar muestras de sangre humana 161 millas a través del desierto de Arizona. Durante las tres horas que duró el vuelo, indican, este sistema de carga a bordo mantuvo el control de la temperatura, asegurando así que las muestras fueran viables para el análisis de laboratorio a su llegada.

En un informe sobre los resultados, publicado en American Journal of Clinical Pathology, los investigadores afirman que este logro se suma a las pruebas ya existentes de que las aeronaves no tripuladas pueden ser un medio eficaz, seguro y oportuno de transportar rápidamente muestras médicas desde lugares remotos a los laboratorios.

“Nuestra expectativa es que, en muchos casos, el transporte con drones será la opción más eficiente, rápida y segura para hacer llegar al laboratorio ciertas muestras biológicas provenientes de sitios rurales o urbanos,” indica el  Timothy Amukele, Ph.D., profesor adjunto de patología en la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins y autor principal del artículo.

“Los drones tienen la versatilidad de funcionar en lugares donde no existen caminos y superan condiciones que inutilizan a los vehículos con ruedas, además del tráfico y otros impedimentos logísticos que son enemigos de mejores diagnósticos y cuidado médico más oportuno  para los pacientes,” señala el Dr. Amukele. “Es muy probable que los drones sean el mejor sistema de entrega de muestras médicas del siglo XXI.”

Basándose en el trabajo previo del equipo liderado por el Dr. Amukele, los investigadores recolectaron 84 pares de muestras sanguíneas en la Universidad de Arizona en Tucson, y luego las transportaron a un aeródromo localizado a 76 millas.

Una muestra de cada uno de los 84 pares se montó en un dron, el cual las transportó 161 millas por aire. La aeronave despegó y aterrizó en el mismo aeródromo, en un campo de pruebas para drones. Las muestras transportadas por dron fueron dentro de una cámara con control de temperatura diseñada por el equipo de Johns Hopkins.

Las otras muestras de cada uno de los 84 pares permanecieron en un automóvil en el aeródromo, en refrigeración para mantener la temperatura necesaria. En promedio, la temperatura de las muestras transportadas por aire fue de 24,8 °C (76,6 °F) en comparación con 27,3 °C (81,1 °F) de las muestras no transportadas por aire.

Entre otras precauciones, el experimento se realizó lejos de zonas pobladas, en el espacio aéreo restringido de un campo de pruebas militares deshabitado, donde se prohibió cualquier otro tráfico aéreo. La aeronave estaba controlada por un piloto remoto certificado, por medio de un radioenlace entre la computadora de vuelo del dron y la estación de control en tierra. Las muestras se empacaron y transportaron siguiendo las regulaciones de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo. La aeronave usada en el estudio fue la HQ-40 de Latitude Engineering.

Después del vuelo, todas las muestras hicieron un recorrido de 62 millas por tierra hasta la Clínica Mayo en Scottsdale, Arizona. Todas fueron sometidas a 17 de las 19 pruebas químicas y hematológicas más comunes. Los pares de las muestras transportadas por aire y las no transportadas mostraron resultados similares en cuanto a los números de glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas y los niveles de sodio, entre otros resultados.

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Se observaron diferencias pequeñas, pero estadísticamente significativas en las concentraciones de glucosa y de potasio, las cuales también varían cuando se usan los métodos convencionales de transporte (por ejemplo, el automóvil). Estas diferencias se debieron a la degradación química causada por el leve incremento de temperatura en las muestras no transportadas por aire.

Anteriormente, el equipo de Johns Hopkins estudió el efecto del transporte con drones en la composición química, hematológica y microbiana de las muestras transportadas por aire en trayectos de hasta 20 millas, y descubrió que ninguna sufrió efectos negativos. El grupo de científicos planea realizar estudios más amplios y profundos en los Estados Unidos y en el extranjero.

El financiamiento para este estudio fue proporcionado por Peter Kovler de Blum-Kovler Foundation.

Entre otros autores del estudio figuran Jeff Street de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins; Christine LH Snozek y James Hernández de la Clínica Mayo en Arizona; y Ryan G. Wyatt, Matthew Douglas y Richard Amini de la Universidad de Arizona.

Fuente: https://www.debate.com.mx

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