Con el paso de la ola invernal en la región caribe, miles de familias se han encontrado afectadas por inundaciones y en alerta a situaciones de emergencia, este es el caso de San Andrés y providencia, donde las autoridades el pasado 12 de julio según el diario El País, anunciaron mantener la alerta por la onda tropical que hace tránsito por el Caribe por un periodo de 48 horas más, similarmente, 12 municipios en el departamento de Sucre han presentado afectaciones por la ola invernal, la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo anunció la llegada de más asistencia humanitaria para las familias afectadas por inundaciones en La Mojana y El San Jorge, al tiempo que ejecutarán nuevas iniciativas para estudiar los puntos críticos que serán intervenidos.
En los últimos 20 años, Colombia ha sufrido un incremento en el histórico de desastres naturales, por lo que es inevitable tocar estos temas desde la logística humanitaria como herramienta para los procesos de planeación, implementación y control del flujo de materiales e información durante estas situaciones de emergencia.

De el mismo modo, la tragedia ocurrida en el municipio de Mocoa en el departamento de Putumayo, como ejemplo, cobró la vida de más de 300 personas y dejo a miles más damnificadas. Según la revista Semana en su edición 1823 del 16 de abril “pocas veces el país había reaccionado a una emergencia tan rápido, desde tantos rincones y de manera tan cohesionada, de la mano de expertos rescatistas, la Cruz Roja, la política, los militares o los enfermeros, se sumaron miles de espontáneos desde todo el país”. Las donaciones fueron generosas desde las empresas, las instituciones educativas o particulares que hicieron grandes aportes a la causa. Una Colombia solidaria sin lugar a dudas.

Si bien es cierto, la tragedia de Mocoa dejo claro que existió una capacidad de reacción inmediata en el país para responder a este tipo de catástrofes naturales, también reveló que aún no falta camino por recorrer. Según el diario El País, “cuatro días después de la avalancha, el desabastecimiento de alimentos asedia a la capital de putumayo, donde más de 50.000 habitantes sufrieron para conseguir comida”. Esto no es algo nuevo, durante estos estados de emergencia siempre se ha criticado la distribución de las ayudas y la atención de los habitantes, incluso se han visto denuncias de casos de corrupción en la gestión de las mismas o hasta indignación y repudio por el desperdicio de donaciones.

El país ya cuenta con una lista de desastres que han dejado consecuencias graves. Desde el terremoto de Popayán (1983), la erupción del Volcán Nevado del Ruíz (1985), el terremoto en Páez, Cauca (1994), el terremoto del Eje Cafetero (1999), el fenómeno de La Niña en 2010-2011 y ahora con Mocoa, en donde, no solo las perdidas económicas ascienden, sino también el número de personas desaparecidas, junto con las cifras de muertos y heridos.

Sin embargo, la mayor parte de las propuestas únicamente apuntan a nuevas políticas nacionales. Según el artículo “¿Cuánto le han costado a Colombia los desastres de origen natural?” de la revista semana publicado el 11 de Abril de 2017. En Colombia los congresistas hablan de mejorar las políticas de gestión del riesgo desde hace 30 años, figura que comenzó desde el gobierno de Belisario Betancur con el Fondo Nacional de Calamidades con el decreto 157 de 1984 hasta la creación de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, que lidera el tema durante el gobierno de Juan Manuel Santos.

Bien dice el refrán que de lo malo hay que sacar algo bueno, es por ello que se debe aprender de las lecciones y tomar acciones para afrontar este tipo de situaciones. Una opción para mejorar puede estar en la logística humanitaria. En iniciativas que nos permita superar estas situaciones adversas con eficiencia y que logre que estas deficiencias en la atención post-desastre no se repitan. Actuar frente a la paralización de la cadena de abastecimiento en determinados puntos geográficos, la inmediatez en labores de socorro, la distribución de donaciones, el asentamiento estratégico de los albergues y comedores comunitarios para damnificados, liberación de rutas, junto con las estrategias del rescate, atención y traslado de los heridos, son solos algunos de los múltiples aspectos en donde se puede actuar desde este campo.

Daniel Palencia Castro
Ingeniería Industrial
Universidad del Atlántico

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